El otro mundo que aún no vemos posible

¿Qué pasa cuando cierras tus ojos y la oscuridad de tus párpados es el único horizonte?

El próximo 28 de febrero, en El Salvador se realizará una nueva jornada electoral para elegir a diputados y concejos municipales. Este proceso electoral se ha desarrollado entre narrativas que aspiran a emular un sistema de pesos y contrapesos. Por un lado, tenemos el discurso de que la Asamblea Legislativa debe trabajar en función del presidente Nayib Bukele. Mientras que, por el otro lado, se sostiene el discurso de que se debe asistir a las urnas y votar por cualquiera menos por Nuevas Ideas o Gana, el actual instrumento partidario de Bukele.

En esta divergencia de narrativas no se atisba la posibilidad de otro horizonte. Otras formas de organizar la vida ante la crisis civilizatoria cuyas bases descansan en el colonialismo, el capitalismo y el patriarcado. ¿Y cómo es ese otro mundo? Se preguntará cualquiera, incluso yo aún me cuestiono cómo se ve, cómo huele, qué hay en esa posibilidad, pero en este texto aspiro a trazar algunas líneas de ese horizonte desde donde construyo realidad: el movimiento social.

Por las experiencias de siempre tras cada tres y cinco años, el voto no es la solución o la única herramienta para enfrentar las actuaciones del presidente Nayib Bukele o transformar las realidades en este país. Eso, como primera sentencia, y como segunda, no es Nayib Bukele el único problema. El actual presidente salvadoreño solo es otro gerente del poder estatal.

Es necesario decirlo tal cual ante discursos que provienen, principalmente, de las redes sociales. Estas son retóricas que plantean que actualmente Bukele es lo peor que le ha pasado a El Salvador, que el voto masivo mata fraude y que este es la vía para asegurar la supervivencia del sistema de pesos y contrapesos. ¿Y después qué?

Nayib Bukele no es lo peor que le ha pasado a El Salvador porque al apelar a la memoria advertimos que convivimos con múltiples opresiones, como la clase social, raza y género, que nos posicionan en márgenes que delimitan nuestro lugar en el mundo y sostienen las limitaciones en el ejercicio de gestionar el poco poder que nos queda y se reduce a un voto que, más adelante, por medio de una fórmula matemática utilizada por el Tribunal Supremo Electoral, hará posible la pluralidad ideológica con los cocientes y residuos que resultan de varias divisiones entre el total del padrón electoral y las personas que votaron en cada departamento de El Salvador.

Pese a este panorama no tan obvio a pesar de su existencia concreta, según los resultados del sondeo de opinión pública “La población salvadoreña de cara a las elecciones del 28 de febrero de 2021”, del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), el 38.8% de los encuestados afirmó que las elecciones sirven para que haya mejoras y cambios en el país. Y efectivamente cada generación ha sido testiga de cambios bajo las mismas reglas del sistema de opresiones que nos interpela.

¿Cuáles son los problemas? Siempre se posicionan en la economía, seguridad pública, salud, vivienda y medio ambiente. Pero ahora, gracias al buen trabajo de la maquinaria mediática de Bukele, las personas creen estar más seguras porque en redes sociales circulan hasta 20 imágenes diarias de policías y soldados con el hashtag #PlanControlTerritorial.

De acuerdo con la “Encuesta de evaluación del año 2020”, del IUDOP, el principal problema que actualmente enfrenta El Salvador es la pandemia por Covid-19, en segundo lugar la economía y en tercer lugar la delincuencia.

Hasta aquí el guión de país se ha mantenido intacto. Siempre ensayado casi a la perfección. Aunque la matemática es una ciencia exacta, me temo que no asegura la pluralidad ni advierte otras posibilidades que contradicen su exactitud.

¿Qué pasa con el otro mundo posible? Es como la intuición mientras no se concretice en un tejido, en una comunidad creada desde la diversidad de ideas, la finalidad de encontrarse en la incoherencia para superarla en la colectividad.

En el libro “Pensar las autonomías”, un proyecto colaborativo de 13 autores, se propone el ejercicio de pensar la autonomía desde múltiples dimensiones, estas son: la autonomía como forma de hacer política, la autonomía como diversidad, potencia y posibilidad, la autonomía como prefiguración y la autonomía como horizonte emancipatorio.

Al momento de hacer este ejercicio de memoria e imaginación, siempre aparece en la conversación que el movimiento social está fragmentado y jamás será lo que fue en décadas anteriores. Me atrevo a decir que como parte de, no aspiro a emular memorias de otras temporalidades. Hay un aquí y ahora moviéndose y aportando insumos para su transformación.

Entonces, situados en el aquí y ahora, es urgente pensar la autonomía como horizonte emancipatorio para “discutir e imaginar desde las prácticas y potencias existentes hoy, un cambio radical de las formas de producción, distribución y consumo, y un cambio radical también de las formas de toma de decisiones sobre lo común”, (Pensar las autonomías, autoría colectiva).

Por supuesto, esto implica cambios hasta en los escenarios, en apariencia, más insignificantes, como la mesa familiar y generación de discusiones entorno a la vinculación con otras personas, animales y bienes naturales. Requiere de debates y diálogos constantes en el interior de las organizaciones de sociedad civil. Implica un giro decolonial en las universidades, rostros de la academia colonialista que se resisten a desblanquearse y aceptar las otras epistemologías.

“Nos parece primordial desmontar los paradigmas dominantes del pensamiento hegemónico, pensando en ocasiones a contracorriente –o a contrapelo- del propio discurso de la izquierda, divulgando modos, formas, ideas y debates muy otros”. (Pensar las autonomías, autoría colectiva). Ante semejante propuesta es inevitable no recurrir a la frase hasta cliché de “la sociedad salvadoreña no está preparado para esto”. ¿Cómo lo sabés? ¿Ya es una certeza inamovible?

Repito: ¿Qué pasa cuando cierras tus ojos y la oscuridad de tus párpados es el único horizonte? El voto se vuelve el arma más poderosa de los hombres. Un arma sin balas y capaz de doblarse hasta apuntarle a quien la sostiene.

Pensar las comunidades autónomas no es una propuesta progresista, es un primer paso para la construcción de colectividades desde otros paradigmas ajenos a “las formas de dominación, opresión, centralización, homogeneización y monopolización estatales”.

Más allá del voto está un ejercicio que comienza con las preguntas, las dudas, avanza con la imaginación y su final, si es que tiene, es impredecible, pero traza realidades de cooperación, de simbiosis, de redes interdependientes en donde el número de personas no determina su éxito. El otro mundo posible empieza, diría yo, desde que ya no ves las elecciones como el umbral de una potencia transformadora de la micro y macro política.

El otro mundo es un «qué pasa sí…»