Breve historia del Jazz en El Salvador

Alfredo Mojica

Cuando uno escucha la palabra Jazz, piensa en afrodescendientes vestidos con un smoking blanco, tocando música suave, casi sedosa, en ambientes bastante oscuros, y quizá el más adelantado y bohemio evocará imágenes en blanco y negro, con una fina cortina de humo y escenarios con micrófonos de condensador y todas esas cosas un poco “Holliwoodenses”.

Pero hoy ahondemos un poco más sobre el fenómeno del jazz en El Salvador además de elaborar ciertas aproximaciones históricas de hechos que dieron forma a la escena jazzera, personajes y fechas que marcaron un antes, un después; lo que pudo ser y no fue de esta música afroamericana en tierra centroamericana. Este artículo no pretende ser absoluto al momento de contar los orígenes del jazz, pero sí espera abarcar a la mayor cantidad de exponentes del género. 

Brevísima e injusta introducción al jazz

Siendo injustos, podríamos decir que el jazz se basa en la improvisación musical en donde se conjuntan una batería, un saxofón, trompetas y piano. Aunque si bien esta podría ser una aseveración correcta, está lejos de explicar el fenómeno completo.

Según el historiador y crítico de jazz Ted Gioia, en su libro Historia del Jazz (1997), el género tiene como primer antecedente el blues primitivo que, se dice, se cantaba a orillas del río Mississippi, en donde los esclavos africanos (cabe aclarar que no todos venían de los mismos sitios) cantaban sus penas y añoranzas, además de ciertas canciones de trabajo para amenizar un poco la jornada laboral en el campo. El segundo antecedente del jazz es el ragtime, un género parecido a una marcha (entiéndase marcha como un género musical bailable durante el siglo XIX) compuesta para piano, con ritmo sincopado y bastante rápido para la época.

Con el pasar del tiempo, el blues comenzaría a estructurarse como el género que conocemos ahora; el ragtime, por su parte, se haría popular durante las primeras dos décadas del siglo XX, llegando hasta Nueva Orleans para quedarse y convivir con otros géneros bailables de aquellos días. Ambos dejaron su semilla sembrada y aquí fue donde surgió el primer género dentro del lenguaje jazz (en realidad este término es una denominación a muchos géneros musicales que comparten características sonoras y contextos sociales de desarrollo muy similares, pero por conveniencia diremos que es un género musical): el New Orleans Jazz, que combinaba la síncopa y el piano del Ragtime, y las temáticas de las letras e instrumentación del blues.

A partir de ahí, todo se pudrió; es decir, todo se deformó (en buena onda) en los subgéneros del Jazz que conocemos: Dixieland, New York Jazz, Jazz de Chicago, Bebop, Cool Jazz, Acid Jazz, Free Jazz, Jazz latino, etc. Y es también cuando surgieron los grandes nombres que conocemos hoy día: Billie Hollyday, Nina Simmone, Bessie Smith, Ella Fitzgerald, Miles Davis, John Coltrane, Louis Armstrong, y así.

Comienzos del Jazz en El Salvador

Existe un solo artículo sobre el jazz en el país que es (por qué no decirlo) la única fuente que desglosa los orígenes de este género en esta porción de tierra. El Faro se encargó de publicar este documento llamado “La ruta del Jazz en El Salvador” (2012), en donde se explica grosso modo quiénes fueron los pioneros del jazz, qué hicieron y cómo movieron la escena jazzera en el país. También esboza un poco la escena local del jazz a principios de la década pasada, profundizando en El Salvador Jazz Fest y entrevistando a algunos otros actores importantes para la apertura de espacios del ritmo afro estadounidense.

Dentro de todos los nombres arrojados en La ruta del jazz en El Salvador, uno de los pioneros en este género fue el de Rafael “Lito” Barrientos, uno de los padres de la cumbia de El Salvador. Debutó profesionalmente en la Orquesta de Poni Meca durante la década de los 40’s. Se cuenta que ellos tocaron en la inauguración de los trabajos de ampliación del Canal de Panamá.

Cuando regresó de dicha presentación, la Orquesta de Poni Meca dividió caminos, dando lugar a que Lito creara su propia agrupación, la Orquesta Internacional de Lito Barrientos a finales de la década de los cuarenta y principios de los años cincuenta. Su nueva orquesta comenzó tocando un Jazz parecido al de Glenn Miller (quien a su vez tocaba un jazz tradicional, digamos).

Otro personaje a quien no hay que dejar de lado es al grandioso Paquito Palaviccini. Este músico también tuvo su faceta jazz al ensamblar un conjunto llamado Dixie Pals, con el cual experimentaba un poco más con el jazz y algunos boleros de la época. Un vídeo subido a   Youtube por Audiovisuales UCA (2005) recuerda a los Dixie Pals de la siguiente manera:

La orquesta Dixie Pals fue la casa del jazz en EL Salvador, y Paquito se continuó consolidando como un gran intérprete de música jazz

Esta se conoce como su incursión más fuerte al género, dado que después crearía el género folclórico por excelencia de El Salvador: el Xuc.

Pero volvamos a Lito Barrientos por un momento. Este señor fue semillero de grandes músicos que aprendieron, bajo su batuta (y la de don Palaviccini), a hacer música: Tony Mojica, Alfredo Mojica, Carlos Navarro y compañía. No sería descabellado que las raíces del jazz se remontan a Lito Barrientos, y ya vamos a ver bien por qué.

Con el señor Barrientos aprendió música un trotamundos del arte de ordenar sonidos: Alfredo Mojica, trompetista salvadoreño que completó su formación musical en diferentes partes de América Latina. Una página en Facebook llamada Alfredo Mojica Memorial Page,  hizo una serie de publicaciones en 2017 en donde da a conocer el testimonio fehaciente de un ex alumno suyo llamado Ben Hall, que hizo conversa con el músico poco antes de morir, a quien le contó gran parte de su carrera. Cito textualmente el apartado inicial:

En la primavera de este año (1997), yo, Ben Hall, pude sentarme con el Maestro Alfredo Mojica y escuchar la historia de su vida. Esta información iba a ser usada para una publicación de su biografía, un proyecto futuro del cual habíamos hablado. Resulta que esta es mi oportunidad para ayudar a preservar la historia de un gran maestro, padre, profesor, esposo y amigo«

Partiendo de este testimonio, comenzó su carrera en San Salvador aprendiendo violín. Luego con su familia se mudaron a Nicaragua, donde aprendió a tocar la trompeta. Recorrió Colombia, volviendo a Nicaragua y haciendo una parada en El Salvador.

Mientras estuvo en San Salvador, el maestro Mojica se incorporó a la orquesta de Lito Barrientos. Hablamos del año cincuenta y seis, aproximadamente. Después de su instrucción en la dirección de orquestas tropicales, don Alfredo Mojica funda la Orquesta Tropicana, de la que se dice que él, como trompetista, poseía un estilo parecido al de Miles Davis. Con esta banda interpretó algunos temas que, si bien no eran parte del lenguaje jazz, desarrollaron su dominio de la trompeta y el gusto por las orquestas: Ritmo y Palmeras, La Unión Centroamericana y Feria Internacional.

Alfredo también se convierte en uno de los “primeros migrantes” de El Salvador con destino hacia los Estados Unidos. Es allá donde su apego al jazz comienza de la mano de otro grande, del quien tenemos que recordar su nombre, porque más adelante lo mencionaremos: Ricky Loza.

Durante su estancia en los Estados Unidos, el maestro Mojica formó una banda llamada Los Internacionales, con la cual debutaron en «The Jazz Place – The Great American Music Hall«, en la ciudad de San Francisco, California. También se desempeñó como arreglista y compositor dentro del género.

El crecimiento del género y nuevos exponentes

Los años setenta fueron turbulentos en el país, como en toda América Latina. En estos días se dio a conocer uno de los guitarristas más prolijos que ha sabido dar el paisito: Chamba Elías, músico que sigue en activo y cuenta con más de cuarenta años de carrera haciendo música de varios estilos, pero siempre teniendo al jazz presente en sus recitales.

Elías fue guitarrista de un par de grupos reconocidos en su época, y quizá el grupo más importante en donde tocó la guitarra fue en Los Kiriaps (sí, esos locos que hacían que Jim Morrison se quedara corto), pasando por otros grupos como Aurora, Macho y Oasis. Al igual que Ricky Loza y Alfredo Mojica, pasó por Estados Unidos para hacerse de más experiencia musical.

Casi se me olvidaba, y con injusta razón, incluir a otro de los grandes que aún sigue activo en el jazz, y me atrevo a decir que fue uno de los pioneros en el jazz Latino en El Salvador: el maestro Tilo Paiz, quien nació en Jucuapa, Usulután. En la década de los cincuenta, con 14 años, don Palaviccini se lo llevó para ser su baterista de cabecera para su Orquesta Internacional Polío. Luego, en 1973 se lo quiso llevar nada más y nada menos que Carlos Santana para que tocara con su banda, quién le escribió una misiva desde Alemania y después de su concierto en El Salvador durante el mismo año. Pero don Tilo declinó la oferta para ser parte de la banda.

Años ochenta y la decadencia de la escena

Vamos entonces a los recordados, estimados, odiados por unos y amados por otros, años ochenta. La década perdida en cuanto a jazz (y musicalmente hablando) se refiere en el país. No hubo una escena sólida ni muchos lugares donde la gente se congregara a escuchar jazz o a músicos como Chamba Elías, Lito Barrientos o Palaviccini. Sin embargo, fuera de las fronteras sí había algunos que se metían al bacil del jazz: Alfredo Mojica ya era un reconocido arreglista y trompetista en Estados Unidos, haciendo vida y obra de la música jazz y Ricky Loza se erigía como la figura más prominente en cuanto a este ritmo.

Ricardo Loza nació en La Unión, en 1946. Desde pequeño se interesó por la percusión aprendiendo a tocar la marimba por medio de su padre y sabiendo que la percusión sería su vida. Se dice que de pequeño vendía chicles para ayudar a la economía familiar, y durante esta etapa de su vida formó parte de la Orquesta Continental de Marimba. 

A mediados de los 50, Ricky se integró a la Orquesta Internacional Polío y se fue de gira al sur del continente, trayéndose consigo una gran experiencia a una edad bastante corta. También cabe recalcar que fue parte de la Orquesta Sinfónica de El Salvador, cuando el maestro Esteban Servellón estuvo a cargo de la Sinfónica.

Luego de su formación en El Salvador, Loza se fue al país de la Estatua de la Libertad en 1968. Desde ahí construyó su leyenda al integrar diversos proyectos musicales de jazz y terminó siendo catedrático de la Universidad George Washington como profesor de música.

El Renacer del jazz en los 90s

Durante los años de 1990, el jazz volvió a encontrar sitio en el mal llamado Pulgarcito de América con algunas propuestas interesantes como la Luna Casa y Arte, ese mítico lugar donde todo músico o artista aspiraba a tocar y presentarse. Este era un espacio  necesario de San Salvador. Fue abierta al público el 6 de diciembre de 1991. Beatriz Alcaine y Álvar Castillo, cofundadores del lugar, dieron cabida a músicos de todas las estirpes, incluyendo a los meros jazzeros.

El señor Álvar Castillo ya tenía cierto rodaje en la música. Ya era, en realidad, un músico prominente que había sido uno de los primeros integrantes de Yolocamba I-ta, el enorme grupo que durante la guerra se dedicó a musicalizar, entre otras cosas, los poemas de Oswaldo Escobar Velado y Roque Dalton. Luego pasó un tiempo en México y regresó a El Salvador para fundar una clínica de jazz de donde salieron músicos como Octavio Salmán. Luego de un tiempo, se fue a Japón a crear el Combo de la Paz, un grupo de salsa que la rompe en Hiroshima, nada más y nada menos.

Por estos días ocurren algunos relevos generacionales y algunas consagraciones, digamos. Francisco Palaviccini falleció el 26 de febrero de 1996, habiendo sido condecorado como Ciudadano Meritísimo de El Salvador el 6 de junio de 1991, dejando un enorme legado folklórico para El Salvador. Alfredo Mojica, por ejemplo, trabajó mucho en Washington con orquestas escolares, además de escribir arreglos para bandas y orquestas. Falleció de un ataque al corazón el 24 de septiembre de 1997.

Tilo Paiz, por su parte, emigró a Edmonton, Canadá, en donde radica actualmente y sigue grabando discos de música latina y jazz latino, además de tocar de vez en cuando algunos temas del repertorio de Carlos Santana. Hoy día, Tilo Paíz posee la Tilo Paiz Band, quienes, al cierre de este artículo, están en el proceso de publicar un disco.

En cuanto a Ricky Loza, se trajo todos sus años de experiencia musical en el jazz a El Salvador al momento de crear los legendarios festivales de jazz llamados Ricky Loza Jazz Fest, siendo celebrado el primero en 1999 en la Luna Casa y Arte, lugar donde anteriormente ya se habían celebrado festivales como el Free Jazz Village, un festival jazzístico organizado por una marca de cigarrillos.

Bueno, Ricky Loza tuvo la dicha de organizar las ediciones del Ricky Loza Jazz Fest desde su primera edición del 99 hasta la última, acaecida un par de días después de su fallecimiento, el miércoles 25 de junio del 2003, a causa de un paro cardíaco. Luego de conocerse la noticia, se pensaba que el Ricky Loza Jazz fest no se celebraría; sin embargo, en honor a la memoria del mejor percusionista de El Salvador, el festival continuó su marcha siendo acogido en tres lugares distintos.

Se cuenta que los R.L. Jazz Fest eran una barbaridad de lujo. El amigo Loza traía a muchos de sus doctos contactos en el mundo del jazz, y estos no decepcionaban con su talento. Tanto así era el asombro que causaban algunos músicos invitados que Janet Cienfuegos, periodista de El Diario de Hoy durante los 2000, relata en una nota publicada el 14 de julio de 2001 el asombro que le causó Marjorie Clarke, una importante cantante de jazz en los Estados Unidos:

Esta vez, además de los excelentes músicos, Ricky tuvo la gran idea de invitar a Marjorie Clarke, una mujer que no exagero en lo más mínimo al decir alguna vez que su voz era un don de Dios que ella pone al servicio de los demás”

Luego de la lastimosa pérdida de Ricardo Loza el 25 de junio de 2003, lo más llamativo que logré encontrar en torno al jazz fue Tres ramas del Árbol, una banda experimental y muy interesante formada en 1999, y siguiendo en activo con el jazz durante los dos mil. Lo más “extraño” de esta banda es que en sus inicios no contaban con un guitarrista, solo poseían bajo, percusiones y batería, pero evolucionaron rapidísimo y pasaron de un jazz agresivo a una mezcla de instrumentos y ritmos.

Ya para estos días, Lito Barrientos (el músico entrañable, el padre de los inicios del jazz, el que pulió a varios cipotes para que de grandes se convirtieran en referentes del género) tenía la enfermedad del Parkinson bastante avanzada y dejó de existir en este mundo el 2 de agosto del 2008.

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Con cierto aire nostálgico hemos llegado hasta este punto de la historia del jazz en El Salvador. Lejos quedan los días de blues, de jazz y luchas sociales en donde personajes como Nina Simmone ocupaban al género como mecanismo de defensa y protesta en contra de un Estado y una sociedad machista, opresora y racista en donde las personas afrodescendientes solo servían para divertimento blanco. Del jazz se apoderaron los círculos intelectuales europeos y algunos japoneses y ese sincretismo cultural que dio vida al jazz en su momento solo puede observarse por el retrovisor.

Del Jazz en El Salvador se pueden concluir un par de cosas: en este país,  jazz se ha desprovisto de casi toda lucha racial. Ojo, esto no es malo. Significa nomás que ha adoptado otras luchas, unas muy personales, como la de vivir de la música en un país en donde escuchar y saber apreciar jazz puede ser un privilegio de clase. Ojo, recalco de nuevo que esto no está mal, pero sí creo que está mal pararse únicamente desde este lugar de la música.

También podemos concluir que Estados Unidos (y ¡cómo no!) funcionó como escuela de los grandes jazzistas a quienes estudiamos anteriormente. A partir de esta experiencia norteamericana, los músicos que regresaron plantaron su semilla jazzística en el país para luego expandirla y crear la escena actual, de la cual se puede escribir un artículo completo y bien documentado. Ricky Loza es, sin duda alguna, el máximo exponente salvadoreño del jazz y desde su desarrollo como músico se atrevió a marcar la diferencia al crear los Ricky Loza Jazz Fest, el progenitor de los actuales El Salvador Jazz Fest. Sin Ricky y sin Lito Barrientos y sin toda la comunidad afrodescendiente que luchó para ser escuchada y encontró en el jazz el vehículo necesario para compartir sus ideas, luchas y convicciones, no estaríamos hablando hoy sobre la escena musical del jazz en El Salvador.